aire suelto, aire

He vuelto de la residencia solar más quieta y luminosa que uno pueda pensar. Es una suerte de alumbramiento que trasciende lo físico para colocar su bandera en lo sutil. El Monasterio de Caicay, de la sangha (grupo espiritual) Sakya Tashi Ling, de la cual soy parte con una sonrisa constante, es el habitat donde duerme la pesadumbre y despierta la felicidad. Esta que uno busca y busca y no reposa hasta siquiera olfatearla. Tengo un sueño vivo en el clímax de mis pensamientos más claros y es el de ir al Monasterio de mi sangha en Barcelona. No tengo un ticket de avión, menos una maleta que aguante el trayecto. No tengo el placer aún de vivir sin deudas, de dormir en ese aspecto muy tranquila. Pero tengo algo que trasciende todo presupuesto y todo insomnio. Tengo el sueño de llegar y tengo 3 meses para hacerlo. Se que la Claudia que va, no será la Claudia que volverá. No tengo aún el pleno conocimiento de quien es esta Claudia que carga trapitos de mil colores al viento, pero se a lo que aspiro y tengo el camino dibujado indeleble en mi corazón. Tener una familia espiritual es un regalo que no puedo dejar de agradecer, y no hay palabras, solo lagrimitas colmada de felicidad. La vida es un río salvaje de agua cristalina debajo de la primera superficie. Esta compuesta de pensamientos turbios, incorrectos, alejados de la clara luz. Una vez adentro, no necesitas saber nadar. Sólo necesitas hacerte agua y amar el movimiento de lo positivo que aún desconozco. Solo eso.
 

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